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Dedicarse a la comida, con un trastorno de conducta alimentaria

Hace algunos días US Meat me invitó a la tercera edición de Meat Sorority, una serie de eventos dedicados a crear una comunidad de mujeres en la industria gastronómica. Esta última edición se centró en un tema de vital importancia para nuestra industria, y para las mujeres (y hombres) en general: los trastornos de la conducta alimentaria.

Si bien es un tema que afecta a mujeres en todos los ámbitos laborales, puede ser especialmente retador para aquellas que dedican su profesión a las artes culinarias, ya sea como chefs, periodistas, relacionistas públicas, étc. ¿Cómo vivir un día a día saturado de eventos, cenas, catas y degustaciones mientras se lucha con un trastorno alimentario? Pues tres valientes ponentes nos compartieron sus experiencias, en pláticas profundas y emotivas, que resonaron con la gran mayoría de las asistentes.

Este es un pequeño resumen de sus testimonios:

Elena González, Gerente de foodservice en USMEF México. Ha trabajado por más de 15 años en el área de alimentos, marketing y desarrollo de productos.

Elena comenzó a comparar su cuerpo con el de otras mujeres a los 8 años. Las pastillas y tés para adelgazar, el conteo de calorías  y el clasificar la comida en buena o mala han sido constantes en su vida; este camino la llevó a culparse por disfrutar de los alimentos y a castigarse con rutinas de ejercicio para “compensar” sus hábitos de alimentación. Tras reconocer que padece un trastorno de la conducta alimentaria, con el apoyo de su terapeuta, de amigas cercanas y ejerciendo cambios en su consumo de contenidos en redes sociales, Elena ha encontrado seguridad para salir adelante y romper con la creencia de ese mundo prometido, idílico, que sólo le llega a las mujeres cuando están delgadas. 

Dulce Villaseñor, periodista y empresaria. Editora general de Culinaria Mexicana y de la Guía México Gastronómico. Tiene 15 años de experiencia en medios de comunicación. 

Compartió cómo desde pequeña, gracias a los vínculos que por sus padres le crearon en torno a los alimentos, se convirtió en comedora emocional. Cuando su padre le dijo: “No vas a ser amada si no tienes el peso que todos esperan de ti”, esa condición se convirtió en determinante para todas sus relaciones: llegó a creer que cuando una pareja la maltrataba, seguramente era porque estaba gorda. 
Alguna vez le preguntó a una de sus jefas qué cualidades necesitaba para llegar a ser directora editorial; la respuesta fue “necesitas ser flaca y ser una perra”. Pero cuando llegó al puesto prometido, delgada y exitosa, reconoció que estaba también en el momento más alto de su ansiedad y tristeza, lo cual le provocaba dejar de comer. Una experiencia casi mortal con covid-19 le enseñó a Dulce la importancia de sentirse cómoda en su propia piel y abrazar las razones para estar como ella quería sin depender de las opiniones de otros. La editora espera que el body positivism no sea una moda, sino un estilo de vida que haya llegado para quedarse

Hypatia Rosado, abogada y creadora de contenido gastronómico en redes sociales.

Hypatia hizo su primera dieta a los 8 años. Ese día su madre la llevó con una nutrióloga que antes de hacer cualquier pregunta, espetó a la madre: “tu hija es un monstruo, ¿cómo has permitido que se ponga así?”. En ese momento Hypatia entendió que había algo mal con su cuerpo. Por muchos años soportó burlas en la escuela y se sometió a entrenamientos rigurosos en el gimnasio para poder adelgazar. Un día, tras lesionarse, acudió a una fisioterapeuta que la diagnosticó con base en nada más que su peso. Siempre que visitaba a un doctor todos culpaban a su peso como el único factor que provocaba los malestares. Con estas experiencias la abogada comenzó a hacer activismo sobre gordofobia y sexismo para abrir la discusión hacia el pesocentrismo, una práctica que reina en la medicina contemporánea con el visto bueno de las instituciones médicas. Gracias a las redes sociales, se ha acercado a profesionales no peso-centristas y otras activistas que como ella, abogan por resignificar el sustantivo “gorda” y para alejarlo del sinónimo de deficiencia de salud, pues todos los cuerpos merecen un trato digno a pesar de su talla. 

Acerca del autor

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Editora del arte del buen vivir; bloguera apasionada del buen comer, todo lo boutique, hoteles, interiorismo, las terrazas soleadas y todos los animales.

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