Dulces icónicos de los noventa que aún extrañamos
Hablar de los años noventa es recordar recreos, tienditas y fiestas infantiles llenas de golosinas que hoy despiertan una enorme nostalgia. Aunque algunos de estos productos todavía pueden encontrarse de manera ocasional, otros prácticamente desaparecieron y sobreviven solo en la memoria de toda una generación.

1. Ollitas de tamarindo
Las famosas ollitas o “cazuelitas” de tamarindo eran pequeñas vasijas de barro rellenas con una pasta de tamarindo dulce, ácida y ligeramente picante. Para comerlas había que retirar el plástico y raspar hasta el último pedacito con el dedo. También había de plástico chiquitas.

2. Paleta de cerveza
Aunque tenía forma de un pequeño tarro de cerveza, en realidad era una divertida paleta de caramelo que se convirtió en un clásico de las tienditas y las bolsitas de dulces. Su peculiar presentación la hizo inolvidable para quienes crecieron en los noventa.

3. Los crayones de dulce
Estos dulces en forma de Crayola eran tan llamativos como deliciosos. Su presentación hacía que parecieran útiles escolares, pero escondían un relleno dulce que se acababa en cuestión de minutos. Fueron uno de los productos más originales de la época.

4. Chicles Motita
Los chicles Motita eran indispensables en cualquier recreo. Sus sabores de plátano, tutti frutti y menta se volvieron parte de la cultura popular de los noventa, al grado de que muchos los siguen mencionando como uno de los dulces que más extrañan.

5. Las Cachetadas
Las famosas Cachetadas eran unas tiras de dulce aplanadas, elaboradas con pulpa de frutas. Su combinación de sabores dulces, ácidos y dulces las convirtió en uno de los antojos favoritos de los niños de los noventa, quienes solían terminar con los dedos llenos de caramelo después de comerlas.

6. Frutsi congelado
Antes de los frappés y las bebidas de moda, el Frutsi congelado era el remedio perfecto para el calor. Bastaba con meter la botellita al congelador unas horas para disfrutar de una especie de hielo saborizado que acompañó incontables tardes de la infancia mexicana.

7. Jawbreakers
Las clásicas bolitas de caramelo de colores que tardaban horas en acabarse y se convirtieron en un básico de la infancia. Su forma nos recordaba a los planetas

8. Cigarros de chocolate
Pequeños chocolates que imitaban cajetillas de cigarros y que todos alguna vez llevaron en la lonchera o compraron en la tiendita. Eran muy ricos y siempre los recordaremos con cariño.
