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Arte sonoro en San Miguel de Allende

¿Has pensado qué sonidos es capaz de producir el barro? Recientemente acudí a San Miguel de Allende a una invitación de la Galería Marquesa de Mancera para una exposición del renombrado Maestro Ángel Santos Juárez y la presentación del Grupo Cantos de Arcilla.

Jamás imaginé lo que me esperaba. Marina siempre me sorprende con algo nuevo cuando la visito en su galería, pero este evento fue mucho más de lo que esperaba, superando con creces cualquier idea previa que hubiera podido tener.

Imagina los sonidos de la tierra, objetos de arte convertidos en instrumentos, inspirados en diferentes culturas de los pueblos originarios, pero con versiones totalmente innovadoras, en donde, a base de prueba y error, se han ido creando estos objetos. El creador de estas maravillas es el Maestro Ángel Santos, reconocido como uno de los grandes maestros del arte popular mexicano.

El Maestro, con su gran creatividad, visión y perspectiva única, ha buscado nuevas formas de expresión y, utilizando técnicas ancestrales, ha creado obras de arte con una singularidad excepcional, muy diferentes de lo que estamos acostumbrados.

Este proyecto disruptivo en el arte, a través del cual inventa diferentes objetos sonoros, lo lleva a cabo en conjunto con talentosos músicos que integran el Grupo Cantos de Arcilla.

Hace tres años, en Tonalá, Jalisco, donde reside Ángel Santos, comenzó este proyecto, en el que constantemente está explorando y haciendo una fusión que realmente no es música prehispánica, sino una expresión que sigue en evolución, un proyecto definitivamente sorprendente.

Para esta idea innovadora, ha tenido influencia de varios pueblos originarios del mundo. Sin duda, uno de los instrumentos más llamativos para mí fue el inspirado en el didgeridoo, un instrumento de los pueblos originarios de Australia, que posteriormente también me comentaron que es semejante a una trompeta maya que lleva el nombre de hompak.

El evento duró dos días y, para una persona tan curiosa como yo, fue un deleite para los sentidos. El tiempo transcurría rápidamente, además, estos sonidos profundos te hacían sentir como si estuvieras meditando, produciendo gran serenidad y una calma interior que, hoy en día, con nuestra vida agitada, realmente valoramos.

Estos sonidos tan diferentes, que también incluían los sonidos de las semillas al tocar el barro, te invitaban a la introspección, permitiéndonos desconectar del mundo exterior y disfrutar el momento. Algo similar a la sensación de que las células se renovaran con estos sonidos, en un momento dado te hacía imaginar que estuvieras en el Tíbet.

Estos sonidos tan diferentes, que también incluían los sonidos de las semillas al tocar el barro, te invitaban a la introspección, permitiéndonos desconectar del mundo exterior y disfrutar el momento. Algo similar a la sensación de que las células se renovaran con estos sonidos, en un momento dado te hacía imaginar que estuvieras en el Tíbet.

Mientras escuchaba, me daba el tiempo de observar estos objetos sonoros, lo que generaba una experiencia mágica, en donde el arte de Ángel Santos se fusionaba con los sonidos del barro.

En las pausas que se realizaban, aprovechaba para dar un vistazo a la galería y observar las piezas del Maestro, cuidadosamente dispuestas con una exquisita curaduría, como es costumbre en Marquesa de Mancera.

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El Maestro Ángel Santos trabaja la técnica del barro bruñido, ha sido ganador de múltiples premios y ha participado en varios concursos, incluyendo el Premio Nacional de la Cerámica. Para mi fortuna, conocí a Alicia, su esposa, quien amablemente me explicó más sobre la técnica del maestro y su trayectoria, así como detalles de sus obras y el tiempo de elaboración.

Me sorprendió escuchar la explicación de cómo se elaboran las piezas. Se alisan con una piedra de río y, posteriormente, viene la decoración, en donde se pintan los animales con pinceles hechos con pelos de perro, gato o ardilla. La decoración está inspirada en los nahuales, que son seres mitológicos, brujos que tienen el poder de transformarse en personas y animales y que se transforman para hacer sus travesuras.

Maestro Ángel Santos – Imágenes © Florence Leyret

Después de la decoración, viene el bruñido, para el cual utilizan una piedra de pirita. Con una técnica milenaria, frotan intensamente hasta que la pieza logra una superficie tersa y muy brillante.

Me comentó sobre lo que se conoce como el “paso de la muerte”, cuando se realiza la cocción de la pieza en horno de leña. Este es el momento en que las piezas pueden romperse debido a que podrían tronar por las impurezas o por el aire, si queda una burbuja dentro.

La destreza y refinamiento de la obra del Maestro Ángel Santos se aprecian en cada detalle, con una capacidad de plasmar sus ideas que resulta todo un placer para los sentidos.

Para disfrute de los presentes, el Maestro ejecutó un ejercicio en papel Kraft, mientras el grupo utilizaba los objetos sonoros y escuchábamos los sonidos de la arcilla cocida. Tomó como inspiración la flora y la fauna de la región de Tonalá: los peces bagre, la flor de Tonalá y la margarita.

Platicando con Ángel Santos, me comentaba que el pez que dibujaba era el bagre. Sin embargo, hay gente que cree que tiene influencia japonesa, pero es un paralelismo, puesto que hay piezas hechas con siglos de antigüedad que tienen estos peces.Para mí, un dato interesante que me comentó el Maestro fue el hecho de que la flor de Tonalá fue bautizada así por Gerardo Murillo, el Dr. Atl, porque no existía en la naturaleza y, en su momento, la comparó con los grabados chinos.

Instrumentos de barro – Imágenes © Florence Leyret

Durante el evento, en una de las pausas, mientras observaba la Parroquia de San Miguel Arcángel desde uno de los ventanales, jugueteando con Bambi, la perrita de Marina, reflexionaba por un momento sobre cómo se entrelazan el arte, la historia y nuestra memoria personal. En mi caso, con la calle Cuna de Allende, que me trae tantos recuerdos de mi infancia y que se veía desde la ventana.

La cariñosa Bambi, con su simpleza y afecto, me hizo recordar que el arte también se encuentra en la vida cotidiana, en la belleza de las cosas simples. Apreciando los detalles del momento: el arte popular que podía apreciar en la galería, los sonidos que emitían esos objetos maravillosos, la vista de la icónica parroquia, así como la conexión con la historia que tanto disfruto, pude sentir aún más la magia de San Miguel de Allende.

Te invito a buscar esos momentos mágicos en tu próximo viaje y conectar con las cosas simples, dejándote llevar por la belleza del presente y descubriendo la esencia de los lugares que visitas, como ese encanto especial que hace tan atractivo a San Miguel de Allende.

Pez bagre – Imágenes © Florence Leyret

Acerca del autor

mm

Heredera de una tradición hotelera y apasionada de mi estado Michoacán, el turismo, la historia, el arte y la gastronomía. Interesada en las nuevas tecnologías, el turismo responsable y la sostenibilidad. Me encanta promover Pátzcuaro y sus alrededores a través de mi blog, conectar con la naturaleza, disfrutar de las cosas simples y la autenticidad.

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