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Los alebrijes oaxaqueños, animales fantásticos

Los alebrijes oaxaqueños, animales fantásticos

Hace poco tuve el placer de viajar por Oaxaca junto con Tesoros de México, y además de comer delicioso, evidentemente, tuve la oportunidad de conocer y aprender todo sobre los alebrijes oaxaqueños, también llamados animales fantásticos, o tonas y nahuales mexicanos.

Para conocer el mundo de los alebrijes de madera, vamos a unos 40 minutos del centro de Oaxaca, al taller de Angelico Jiménez. A esta increíble visita me acompaña Mayra Jiménez del Hotel Azul de Oaxaca. Es una de las muchas actividades que te pueden ayudar a coordinar, y si eres amante de la artesanía, es imperdible.

Solo de entrar al pueblo de San Antonio Arrazola, me voy dando cuenta que aquí los alebrijes son un modo de vida. En todas las cuadras hay un taller de alebrijes, y los muros están decorados igualmente de criaturas fantásticas, alegres y coloridas. Entre estos talleres está el de Angelico, nieto de Manuel Jiménez, creador de los alebrijes oaxaqueños.

¿Como surgieron los alebrijes oaxaqueños?

Después de un breve recorrido por el salón de exhibición principal, Angelico nos lleva a la parte trasera del taller, donde se crean estas increíbles artesanías, y aquí nos cuenta como nacieron, y como se mantienen vivas al día de hoy.

Hace casi 100 años, en 1927, el abuelo de Angelico llevaba a pastar a sus animalitos a las faldas del cerro de Monte Albán, y entre sueños y sus animales, encontró la inspiración para comenzar a tallar figuras de madera. Poco a poco fue perfeccionando la técnica, y algunos años después comenzó también a pintarlos, inspirado en el trabajo de Pedro Linares, creador de los alebrijes de cartón. Su trabajo cobró fama, y lo llevó a recorrer varios países, exponiendo su artesanía y permitiéndole dedicarse a ella de lleno. Hoy en día, sus hijos y nietos mantienen viva esta herencia familiar, así como varias otras localidades oaxaqueñas, como San Martín Tilcajete y la Unión Tejalapam.

¿Cual es la diferencia con los alebrijes de la CDMX?

Los alebrijes oaxaqueños comparten el estilo fantástico y colorido de los alebrijes de Pedro Linares, sin embargo, son muy diferentes. Además de estar hechos de madera y no de cartón, las criaturas que representan no son imaginadas en sueños. En esta zona, cada persona tiene un animal que le acompaña y guía a lo largo de su vida, llamado tona. Fueron esos animales los que comenzó a tallar Manuel Jiménez desde chico. Los tonas son animales endémicos, como tlacuaches, armadillos y búhos. Cuando una persona, en vida, puede tomar la forma de su tona, se convierte en un nahual. Estos son también representados por los alebrijes oaxaqueños, y los puedes reconocer por sus caras o facciones humanas, usualmente con barba o pelo. Los tonas y nahuales están rodeados de misticismo, a menudo asociados con curanderos, brujas y brujos. El tona se asigna a las personas según su fecha de nacimiento en el calendario zapoteco, como descubro yo: mi tona es el búho, un guía espiritual sabio y observador, curiosamente el mismo tona de Angelico. El tona de Manuel, creador de los alebrijes oaxaqueños, era el perro.

Nahual, liebre-humano

¿Cómo se elaboran?

Esta artesanía, mundialmente famosa, se elabora con métodos muy tradicionales. Primero se talla la figura en madera de copal o copalillo, se resanan las grietas y se deja curar al aire libre. Luego se sella y se trata para evitar la polilla, y se cubre de blanco. Una vez lista la figura en madera, hay dos formas de pintarla: usando pigmentos naturales, o pinturas acrílicas. Las pinturas acrílicas son más fáciles de utilizar, por lo que los alebrijes pintados con esta técnica suelen ser más económicos, sin embargo, los colores obtenidos con tintes naturales son únicos, y nunca quedan dos piezas iguales.

Después de ver una pequeña demostración de los pigmentos naturales, me quedo asombrada y me queda claro su valor, no solo monetario, sino cultural. Para obtener estas pinturas, se usan todo tipo de sustancias: el rojo se obtiene de grana cochinilla, un insecto que vive en el nopal. El verde se obtiene de la cantera molida de Etla, (la misma que se ve en varias construcciones de Oaxaca), el negro se crea con ceniza, y el azul con añil, obtenido de la planta jiquilite. Para obtener cada color, hay que jugar al alquimista: no es solamente mezclar los pigmentos con agua, sino que cada uno requiere diferentes reacciones químicas, que se crean agregando ingredientes como limón, mezcal, granada o cal. Antes de pintar cada alebrije, el artesano debe tener un plan de que colores va a utilizar y en que cantidad, ya que obtener el mismo tono dos veces puede resultar casi imposible.

Independientemente de los pigmentos que se utilicen, cada pieza es una labor increíble. Aunque varian en complejidad, se pinta cada una punto a punto, con pinceles finísimos y una paciencia increíble. En su taller, Angelico tiene piezas en las que se han tardado hasta 18 meses en terminar, creadas a medida para los clientes, a menudo representando a los tonas de cada uno, o de todos los integrantes de una familia.

Ver tan de cerca este trabajo, y platicar con Angelico nos deja maravilladas, con una nueva apreciación por esta labor que hoy es el sustento de varias comunidades de Oaxaca. Hacer alebrijes es para mí, una labor de toda la vida. Para Angelico, es una “identidad cultural, es el respeto y honor a los antepasados, y el respeto a Monte Albán como centro ceremonial.”

Acerca del autor

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Editora del arte del buen vivir; bloguera apasionada del buen comer, todo lo boutique, hoteles, interiorismo, las terrazas soleadas y todos los animales.

2 comentarios

  1. Rosa Gabriela Rosales Contreras

    Sigo fascinada con esta revista, gracias por compartir todos los artículos son muy interesantes

    Reply
    • Editorial Maria Orsini

      ¡Muchas gracias Rosa!

      Reply

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