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Escapada de fin de semana en Puebla y sus tesoros

Hace poco nos escapamos para pasar un fin de semana en puebla y disfrutar de sus deliciosas joyas gastronómicas y culturales, como parte de la serie de recorridos con Tesoros de México que tengo el gusto de compartirles (el primero fue Michoacán, y ese lo puedes leer aquí).

Puebla

Puebla de los Ángeles, también llamada la Heroica Puebla de Zaragoza, es la capital del estado sin playa más visitado del país. Nos recibe gloriosamente en su temporada de chiles en nogada, que este año cumplen 200 años de haber sido servidos a Agustín de Iturbide, según cuenta la leyenda.

Pero nuestra primer parada no es a comer el platillo tricolor, sino a Casa de los Muñecos, a degustar la cocina mexicana de Lolita Zavala. Afortunadamente llegamos con mucha hambre después de un par de horas de carretera, porque Daniel Vargas, el actual director, nos recibe contándonos todo sobre los platillos de Casa de los Muñecos, sobre sus favoritos y sobre los consentidos de la casa, casi salivando mientras nos platica jovialmente. Entre ellos figuran las albóndigas en salsa de chipotle, con frijolitos de la olla y arroz, el pipián rojo con un toque de nuez de la india, los tacos pemex de camarones rebozados, el pipián verde con pollo, el chamorro en verdolagas o unas clásicas chalupas.

Cojeando del mismo pie goloso, pedimos lo que se siente como casi todo el menú al centro mientras Daniel nos cuenta sobre la historia de Casa de los Muñecos, cuya sede original está en el centro de Puebla dentro del Museo de Arte BUAP. Por temas de pandemia, no podemos comer en la antigua casona decorada con azulejos en forma de “muñecos”, caricaturas burlonas de los regidores que en la época de su construcción se opusieron al segundo piso de la casa. El restaurante tomó su nombre de la casa famosamente conocida como la casa de los muñecos y guarda ese toque juguetón con sus comensales: el chile en nogada, por ejemplo, se sirve con un chilito pequeño al lado, un “guarura”, que cuida al chile grande, en homenaje a su clientela política.

Aunque es un gran restaurante, incluyendo la sede de CU (dónde nos toca en esta ocasión), Casa de los Muñecos se siente como comer en casa, no sólo por sus platillos típicos, también por el ambiente ameno, con comensales de todo tipo disfrutando desayuno, comida y cena. Nos gustaría quedarnos a seguir la plática aquí (y tal vez hacer hambre para probar otros tres platillos) pero la ciudad llama y nos despedimos terminando nuestras aguas frescas poblanas, una de guayaba con menta y otra de fresa con jamaica.

Al centro de la ciudad de Puebla no le hacen falta callejones de colores con románticas flores en sus balcones, entrecruzados con las calles coloniales. Recorriéndolas llegamos hasta el Templo de Santo Domingo, donde está también la Capilla del Rosario, un ejemplo maravilloso del barroco novohispano con sus paredes, cúpulas y altares finamente decorados en yesería recubierta de oro. Esta Capilla se construyó en el siglo XVII en dedicación a la Virgen del Rosario y definitivamente vale la pena visitarla, con tiempo para regocijarse si las circunstancias lo permiten.

Otra parada importante es la catedral de Puebla, también del siglo XVII, que con sus dos enormes torres de 70 metros llama a misa dándole a esta metrópolis un sabor pueblerino. Dicho monumento, considerado patrimonio de la humanidad, es el hogar de incontables obras de arte religioso agregadas a las capillas desde su construcción hasta nuestros días, por lo que además de iglesia también es prácticamente un museo.

Después de esta (muy) breve recorrida por el centro histórico, regresamos a hospedarnos en el hotel y spa El Sueño, uno de los hoteles boutique de la colección Tesoros en la ciudad. De estilo ecléctico, mezclando elementos barrocos de la casona del siglo XVIII con una decoración contemporánea, casi vanguardista, este pequeño hotel ofrece 20 suites, cada una dedicada a una mujer mexicana, o las “soñadoras”.

El patio del hotel es encantador, con una alberca semi-cubierta y un jardín de plantas que escurren por las escaleras antiguas, y es el spot perfecto para disfrutar de sus desayunos poblanos, en particular de unos chilaquiles de mole poblano (¡picositos!) o unas enchiladas de pipián verde. Terminamos estas ricuras poblanas con un buen café y pan dulce de la casa, para tomar camino hacia Atlixco, pueblo mágico a menos de 30 minutos de la capital.

Atlixco

Atlixco de las Flores lleva muy bien su nombre. En cuanto llegamos al centro nos damos cuenta; todas las calles están decoradas con coloridas maceteras en los balcones, postes, fuentes, quioscos y hasta semáforos. Aquí nos reciben Gaby y Armando, propietarios del hotel boutique Alquería de Carrión, el primero de su género en Atlixco y con una historia tan interesante como el edificio que lo alberga. Una alquería era antiguamente una casa de campo dónde descansaban las familias encargadas del campo. En el caso de la Alquería de Carrión, era la casa señorial dónde las familias españolas se hospedaban en sus visitas al molino y al resto de las parcelas, inmensurablemente fértiles gracias al Popocatépetl y a la abundancia de agua de la región.

Más de 300 años después y una enorme variedad de usos, la casa fue rehabilitada por Armando y Gaby. El papá de Armando solía tener su oficina en uno de los espacios de la casa, dónde vivió algunos de los recuerdos de su niñez. Cuando la pareja decidió comprarla y rehabilitarla hace más de 15 años probablemente no sabían la ardua labor que les esperaba, pero con mucha paciencia y tiempo la restauraron hasta lo que es hoy; un edificio que conserva sus arcos originales, curiosas escaleras que llegan a ninguna parte, tres patios con pisos originales (cada una de las lajas se tuvo que levantar para poder meter instalación moderna y luego volver a armar como rompecabezas), y un sinfín de detalles que la llenan de encanto. Esta restauración, junto con el diseño contemporáneo que se integro en la decoración, les hizo ganadores del 2º lugar al premio nacional de Architectural’s Digest, quedando como primer lugar la restauración del Ángel de la Independencia.

Lo mejor del hotel, sin embargo, son Gaby, Armando y su equipo. Siempre dispuestos y presentes, recibiendo a sus huéspedes, así como Geo, el chef que nos prepara un desayuno espectacular para degustar todas las especialidades de la Alquería: primero el pan dulce, típico, traído cada día del mercado. Le sigue un banquete de chilaquiles rojos, verdes o de chile morita, con cecina atlixquense, más suavecita y menos salada, un platón de enchiladas con todas las opciones de salsas; pipián, mole poblano, suizas o enfrijoladas con un poco de chorizo, otra tabla con tlacoyos de Atlixco, crujientes, rellenos de frijol, y unas quesadillas de requesón con tlalitos (mis favoritas, junto con las enfrijoladas). Para comer, nos deleitamos con un ceviche de cecina, fresco y acidito con bastante aguacate, o unas clásicas chalupas poblanas, verdes y rojas. Todo preparado en casa por Geovanni, de 24 años pero que desde chiquito supo que queróa ser chef y que trae a la cocina de Alquería las herencias de su abuela y madres cocineras.

Junto con Gaby y Armando nos recibe también Juan González, guía y enciclopedia cuando de Atlixco se trata. Juan nos lleva al Museo del Bonsai, una parada que para mi, amante de las plantas, es personalmente una joya. Aquí Emigdio Trujillo y su esposa Martha coleccionan bonsais de más de 100 años, colección que comenzaron en 1974. Además de la exhibición de su colección con ejemplares espectaculares como un pirul con frutos, un pino negro o un par de jacarandas, Emigdio y su esposa también dan talleres de bonsai y tienen a la venta varios pequeños para comenzar en este arte. Yo me llevo a casa un joven de 8 años, ahora de nombre Julius.

De regreso al centro, Juan nos lleva a la villa iluminada, una buena parada para los visitantes con niños, dónde una pequeña villa navideña repleta de foquitos con motivos europeos y mexicanos espera a los más chicos, y a un lado la cervecería 5 de Mayo abre sus puertas para recorridos (si no es temporada de pandemia) y luego catas o flights de cervezas en un agradable jardín de contenedores. Después, recorremos las calles de Atlixco con Juan, desde las escaleras pintadas que representan al Huey Atlixcáyotl, festival dónde las once regiones culturales de Puebla se reúnen para celebrar la Gran Fiesta de Atlixco, hasta el ex-convento de San Francisco, a la mitad del cerro de San Miguel.

Nuestro recorrido culmina, después de comprar una gran variedad de plantas a un precio increíble a los viveristas de la plaza central, en un helado de chile de nogada. Suena raro, sin duda, pero es sorprendentemente rico y suave, elaborado con todos los ingredientes de un chile, incluido el relleno, y servido en canastilla o forma de chile. Es una creación de la familia Ximitl, en su heladería del mismo nombre, y aunque es delicioso, yo me quedo con otro aún mejor: la perla atlixquense, nieve de limón frappé con mezcal, chapulines, y sal de gusano. Sin duda algo que no te puedes perder en un día soleado en Atlixco.

Tristemente, el día termina y tenemos que regresar. Pero la mañana siguiente nos despide con una espectacular sorpresa: la vista desde nuestro balcón en Alquería de Carrión. El Popocatépetl, con su pequeña fumarola, corona la actividad matutina de este alegre pueblito lleno de vida y lleno de flores.

El popocatépetl visto desde Atlixco
La vista del Popocátepetl desde nuestra habitación en la Alquería de Carrión

Toma nota:

Escapada de fin de semana en Puebla

Restaurante Casa de los Muñecos
Sede CU
Vía Atlixcáyotl 2499
Zona Angelópolis
Sede Centro Histórico
Museo de Arte BUAP
2 Norte No. 2

casadelosmunecos.com

Hotel & Spa El sueño

9 Oriente No. 12,Puebla 72500, México
Tel: 222.2326489
elsueno-hotel.com

Hotel Alquería de Carrión, Atlixco

Nicolás Bravo no. 2, Col Centro, Atlixco
Tel: 244.761.8080
antiguaalqueria.com

Acerca del autor

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Editora del arte del buen vivir; bloguera apasionada del buen comer, todo lo boutique, hoteles, interiorismo, las terrazas soleadas y todos los animales.

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