Sostenibilidad en la hotelería: una visión global desde Michoacán
Hoy quiero platicarles sobre la importancia de la sostenibilidad en la hotelería y, sobre todo, por qué es urgente pasar de la intención a la acción. Más allá de mi labor diaria al frente de una propiedad con historia, mi intención es compartir una reflexión sobre cómo nuestro sector puede y debe ser el motor de una transformación consciente. Este enfoque es mucho más que una tendencia; es una responsabilidad que debe formar parte de nuestra identidad e integrarse en nuestra filosofía de vida.
Les escribo desde Mansión Iturbe, en Pátzcuaro, el espacio en donde he transformado esta inquietud en un compromiso real. Quiero compartirles cómo ha sido nuestra transición hacia un modelo de negocio verde; no busco darles un manual, sino mostrar, desde la experiencia, cómo el turismo responsable es capaz de fortalecer a las comunidades cuando se actúa con convicción y rigor profesional.
Este camino tiene raíces profundas. En Mansión Iturbe, el cuidado de los recursos naturales fue solo el inicio. El apoyo a la mujer no es una estrategia reciente, sino nuestra esencia: el hotel nació como un emprendimiento femenino fundado por mi madre, Margarita Arriaga. Hoy, mantenemos esa solidez con un equipo mayoritariamente femenino, contribuyendo así a la igualdad de oportunidades, una meta plenamente alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


Aunque conocía la Agenda 2030, comprendí que esta iniciativa de las Naciones Unidas es un compromiso compartido; una guía diseñada para que la prosperidad, el bienestar humano y el cuidado de la naturaleza avancen en equilibrio. Este enfoque dio orden estratégico a nuestras acciones para conservar el paisaje y la cultura de la región del Lago de Pátzcuaro, impulsando una economía local inclusiva y resiliente.
Esta visión cobra vida en nuestro Restaurante Doña Paca, donde hemos consolidado una cadena de suministro basada en el respeto a lo endémico. Utilizamos maíz de herencia de la cuenca de Zirahuén y verduras de cultivos de traspatio en Tzurumútaro, asegurando que estos legados no desaparezcan y apoyando directamente a las familias locales. Asimismo, gestionamos el agua mediante colectores pluviales y trabajamos con proveedoras que practican una pesca artesanal responsable, protegiendo la biodiversidad de nuestros lagos.
Este modelo tiene una prioridad clara: fortalecer el vínculo con las mujeres. El crecimiento tiene sentido solo si impulsa el desarrollo de quienes forman nuestra red de confianza.
Toda esta labor comenzó a profesionalizarse formalmente a través del programa Impulsar. A partir de ahí, tuve el honor de continuar mi formación bajo la metodología de la GIZ (Agencia de la Cooperación Alemana), una organización de excelencia cuyo acompañamiento técnico fue el detonante para elevar mi visión. Gracias a este proceso, formé parte de la primera generación de Empresarias Ecolíder, un programa realizado junto al Consejo Coordinador de Mujeres Empresarias y con el respaldo de la Secretaría de Economía.

Este trayecto, que demandó un profundo trabajo de análisis y dedicación, concluyó con la distinción de ser seleccionada para llevar esta visión a una misión comercial en Alemania, formando parte de un grupo de empresarias reconocidas por el impacto y la naturaleza de sus proyectos.
Participar en esta misión, donde tuve el honor de representar a Michoacán, me permitió confirmar que el verdadero motor de cambio reside en las empresas dirigidas por mujeres o que cuentan con ellas en sus niveles de decisión; aportamos una sensibilidad estratégica para crear modelos de negocio más humanos. Pero, sobre todo, esta experiencia fue la base para diseñar un nuevo proyecto con visión global, enfocado en impactar positivamente a las mujeres artesanas de Michoacán a través del empoderamiento, la sostenibilidad y el comercio justo.
Esta misión comercial fue mucho más que un viaje de trabajo; fue una experiencia que renovó mi visión y que ahora deseo compartir con ustedes. Me quedo con la idea de que lo que aprendemos solo cobra vida cuando se pone al servicio de los demás. Por ello, próximamente les platicaré más sobre las lecciones de sostenibilidad que recogí en este trayecto y cómo aterrizar esas ideas en nuestro propio entorno.
Mi mayor interés es que compartir este camino sirva para que más personas en México reconozcan el gran potencial que tenemos como agentes de cambio. Nos queda mucho por platicar sobre cómo construir juntos un futuro más consciente; seguimos conversando sobre mi viaje a Alemania muy pronto.
