El festival de las luces en Berlín: sofisticación y sostenibilidad en acción
La cultura alemana siempre me ha generado un profundo interés y un gran aprecio. Tuve el gran privilegio de vivir en Alemania durante mi época de estudiante. Aunque mis estudios en aquella época se desarrollaban en otra ciudad, en aquel momento, con la reciente caída del muro, decidí trasladarme a Berlín. Quedé fascinada e impactada por la forma en que dos mundos, con estilos de vida diferentes, comenzaban a unirse en una ciudad llena de contrastes y una energía tan dinámica que se encontraba en constante cambio y desarrollo.
Regresar a Berlín después de décadas, ya no como una joven estudiante, sino como parte de una misión comercial, fue un momento de profundo significado para mí. Se entrelazaba la emoción del reencuentro personal con el entusiasmo por la relevancia profesional de nuestra misión. Viajé junto a un grupo de mujeres líderes, ganadoras del programa Ecolíderes (una iniciativa de la Agencia Alemana de Cooperación, el CCME Nacional y la Secretaría de Economía).
Nuestra agenda era intensa: aprender sobre sostenibilidad, explorar nuevas prácticas y, sobre todo, crear conexiones para futuros proyectos. Pero para mí también era un reencuentro con un país y una cultura que sigo admirando.
Ver cómo Berlín, una ciudad que conocí en plena reconstrucción y con gran potencial, cuando muchos de sus edificios emulaban su futura arquitectura como una promesa tangible de lo que vendría, se ha convertido en una capital que admiro aún más. Sin duda, una metrópolis profunda que te atrapa; cada una de sus calles tiene una historia y caminarla deja volar tu imaginación.

El Berlín de hoy ha sabido aprovechar su historia intensa para construir una renovación impresionante, haciendo de su pasado el escenario vibrante de una vida contemporánea muy especial. Berlín demuestra que puede ser seria y, a la vez, totalmente vanguardista. Para el viajero que busca algo más que solo postales de ensueño, es un destino imperdible.
Por el rigor de nuestra agenda de trabajo con la misión de Ecolíderes, este no fue un viaje de turismo convencional, es importante aclararlo. Nuestros días estuvieron dedicados a reuniones y a aprendizajes de buenas prácticas de sostenibilidad. Sin embargo, el hecho de que ya conociera Berlín me dio una ventaja: en cada uno de sus trayectos pude dimensionar la magnitud de los cambios que la ciudad ha experimentado. Mi memoria sirvió como una especie de espejo que reflejaba la evolución que ha tenido la ciudad.
Recorrer lugares emblemáticos como la imponente Columna de la Victoria y la majestuosa Puerta de Brandemburgo fue una confirmación de que el Berlín que en aquel entonces yo había imaginado durante su época de reconstrucción es actualmente toda una realidad.
Y justo cuando pensaba que mis observaciones se limitarían a los trayectos, ocurrió una gran sorpresa: al salir de la estación Potsdamer Platz, sintiendo el frío del otoño berlinés y después de haber probado la gastronomía de Berlín durante la cena, de pronto noté un videomapping frente a nosotras, en donde el arte y la luz se encontraban a través de la proyección en las paredes del Hotel Ritz-Carlton frente a nosotras. ¡Una gran casualidad que uno de los festivales de luz más famosos del mundo coincidiera con nuestra visita a Berlín!
Al día siguiente, ya sabiendo del festival, al terminar nuestras actividades nos dirigimos nuevamente al lugar en donde habíamos estado la noche anterior, pero nos percatamos de que era en toda la ciudad, por lo que nos dirigimos a diferentes puntos para vivir esta experiencia única, en donde edificios emblemáticos, como la Puerta de Brandemburgo, proyectan más que un espectáculo visual.


Algunas calles después, lo que vi fue una verdadera revelación: la histórica Bebelplatz, que para mí era el epicentro de esta majestuosidad visual. El emblemático Hotel de Rome, la Catedral de Santa Eduvigis, la antigua biblioteca real y el antiguo palacio, junto con la Ópera Nacional, se habían convertido en una especie de lienzo para plasmar toda esa creatividad visual llena de colores y sonidos, que era toda una experiencia sensorial.
Era un contraste realmente fascinante: la arquitectura que mostraba el poderío de Alemania en la historia, cubierta por una iluminación vanguardista, uniendo la historia con la creatividad y tecnología actuales. Pero en medio de todo esto, un detalle detuvo mi mirada y la emoción y algarabía que vivía con mis amigas. Esos detalles que, para mí, hacen los viajes aún más memorables: a través de los ventanales de la Ópera Nacional, los candiles de su lobby emitían una luz muy especial, como si la vanguardia digital conversara con la herencia clásica a través de esos candiles.
Esta mezcla entre la historia de lugares imponentes y la creatividad sin límites hace que los viajes sean inolvidables y que conviertan a este festival en un evento de clase mundial.
Ahora comprendo que el Festival de las Luces es el ejemplo palpable de las buenas prácticas sostenibles. El videomapping y la tecnología LED no solo embellecen; son un claro ejemplo de cómo la vanguardia puede ser eficiente y sostenible. Al escribir estas líneas, entiendo la importancia de usar la tecnología con conciencia ecológica, creando un gran espectáculo visual de forma responsable.

La última parada fue el Foro Humboldt. Llegar a este espacio fue impactante, no solamente por su arquitectura, sino porque lo he seguido desde su apertura. Por mi interés en la cultura y la historia, siempre me ha fascinado la forma en que Alexander von Humboldt documentó su visita a la Nueva España (hoy México) en el siglo XIX, habiendo recorrido partes de Michoacán para detallar su geografía, recursos naturales y sociedad. Finalizar mi recorrido nocturno en un centro tan conectado a esta figura fue sencillamente fantástico.
Berlín me ofreció el marco perfecto para combinar mi visión de liderazgo, enfocada en la sostenibilidad y la eficiencia, con mi pasión por la historia y la cultura global. Este viaje no solo me permitió establecer contactos profesionales, sino que me regaló un reencuentro personal inolvidable que celebra el arte y el valor de lo vivido. Hay muchas más historias de este viaje por Alemania que me encantaría compartirles pronto.
