Arte y linaje, encuentro inesperado en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid
Recientemente visité Madrid, una ciudad cosmopolita que al caminarla es como si te adentraras en un libro de historia y pareciera que puedes recorrer diferentes épocas. Sus museos no dejan de fascinarme con sus colecciones tan diversas e interesantes; la cultura se respira en el aire. Es una ciudad viva y vibrante que disfrutas explorar.
Ya había planeado visitar la recién inaugurada Galería de las Colecciones Reales. Tenía gran expectación en conocerla y contemplar de cerca ese legado cultural atesorado durante siglos por la monarquía española.
La visita superó con creces mis expectativas. Comencemos con el recinto que alberga el museo; independientemente del patrimonio cultural que custodia, como obra arquitectónica es un espacio que por sí mismo vale la pena visitar. Su diseño vanguardista se integra armoniosamente con el entorno: el Palacio Real, la Catedral de la Almudena y los Jardines del Campo del Moro, logrando que hagas una relación entre el pasado y el presente.

Su diseño te permite despertar tus sentidos y tu imaginación, con una buena distribución y flujo que te permite disfrutar tu visita en un espacio moderno con la belleza del arte que ahí se exhibe.
La organización de las salas hace que el recorrido sea muy ameno. Cuenta con tres plantas; además, al utilizar recursos como los vídeos, hace muy accesible la información para el visitante, lo que te permite una inmersión en la vida cotidiana de la monarquía española a través del tiempo.
Al estar organizadas las salas de manera cronológica y temática, te permite comprender mejor la historia y el contexto de las obras y piezas que ahí se exhiben. Comenzando con la Edad Media, pasando por la Casa de los Austrias hasta llegar a la dinastía de los Borbones.
El recorrido por las salas me brindó una profunda conexión con el pasado. Se sentía la energía de diferentes épocas, con personajes como Carlos V y la armadura de Mülhberg, que me hizo remontarme al siglo XVI e imaginar las batallas de aquella época. Mi fascinación por la historia me hizo disfrutar el recorrido; pareciera que estaba repasando lo que he aprendido a través de los años.
La colección de tapices es otra ventana al pasado, que te permite reflexionar narrando escenas históricas a través de imágenes plasmadas en los tapices. Algo que disfruté fue observar los detalles de la vestimenta de los personajes y su entorno, que nos permitieron imaginar cómo era la vida en aquella época.

Me impresionó la destreza y el ingenio de los artistas que los crearon. Cada tapiz es una historia plasmada en miles de hilos, un trabajo hecho con mucha pasión y dedicación. De pronto vino una conexión inesperada con mi infancia, que me hizo recordar mi visita a la Real Fábrica de Tapices en mi primer viaje a Madrid con mi mamá, y esos recorridos a museos desde pequeña que fueron semilleros de sensibilidad, que ahora me permiten conectar con la belleza y la historia, permitiéndome valorar el meticuloso trabajo artesanal que había detrás de cada pieza y, sobre todo, imaginar cómo serían los talleres en aquella época y las historias alrededor de cada tapiz.
En este museo, el pasado vuelve al presente y la imaginación se libera, por lo que, al seguir avanzando, te vas transportando a través de los siglos.
Enfocándonos en determinados temas, los instrumentos musicales saltan a la vista. Vas observando la evolución de la música y la tecnología de los instrumentos. Algunos se distinguen por su rareza, destacando el piano armario, que es un piano vertical, que llamó mi atención no solo por su diseño singular, sino por su delicado trabajo de marquetería; sin duda una pieza muy especial.
En la Galería de las Colecciones Reales, haces un recorrido por las obras de los grandes maestros de la pintura española. Es imposible enumerar cada una de ellas, que te permiten dar un viaje a través de la historia del arte; pero el Caballo Blanco, sin Jinete de Diego Velázquez fue una de mis predilectas, por mi gusto por los animales y la belleza de los caballos. Una obra con mucho realismo, en donde pareciera que el caballo quisiera salir del lienzo, te hace sentir su presencia, elegancia y su energía.

Es muy interesante pasar de la sala de los Austrias a la de los Borbones. No solo es un cambio de época, sino también una transformación de gustos y preferencias. En la sala de los Austrias, reina la sobriedad, marcada por la parte religiosa y al llegar a la de los Borbones, vemos la llegada de nuevas ideas y corrientes culturales. Mostrando la curiosidad e interés que había por otras culturas, además de mostrar la apertura a nuevas ideas que se dio en aquella época.
Se pueden observar piezas exóticas, piezas que llegaron con la apertura comercial, que fueron testimonio del intercambio cultural que se dio a través de los siglos.
Así podemos observar la presencia oriental, a través de las porcelanas, los biombos, marfiles y textiles, entre otros, que eran apreciados por su singularidad y calidad, que llegaron a España a través de las rutas comerciales.
Yo me encontraba encantada observando las diferentes piezas, mientras mi mente ya se transportaba a aquellos viajes épicos, pensando en los recorridos que hacía el Galeón de Manila, un tema que me apasiona por su conexión con mi familia. De pronto un baúl llamó la atención de mi hermano, por la similitud con las técnicas que utilizan nuestros artesanos de Michoacán. Juntos, nos dirigimos hacia el baúl. ¡Gran sorpresa! Era una arqueta que no solo evocaba historias de viajes transoceánicos y ancestros aventureros.
Ese baúl llegó desde Michoacán y su manufactura trataba de imitar las técnicas orientales que llegaban con el Galeón de Manila, una información que desde pequeña había escuchado, la influencia oriental en las Lacas que se realizan en Pátzcuaro y por supuesto también en el Maque, otra técnica artesanal prehispánica.
Ahí aprendí sobre la técnica japonesa Makie, que consistía en aplicar una mezcla de grasa animal, aceite vegetal y pigmentos minerales de vivos colores sobre un característico fondo rojo. Esta técnica influyó sobre las técnicas prehispánicas ya existentes, al introducir nuevos colores y pigmentos, motivos decorativos y técnicas de decoración, lo que dio como resultado un estilo único que se elaboraba en Pátzcuaro. Mi emoción se combinaba al ver una pieza como las que se hacían en Pátzcuaro en el siglo XVI, al sentir una gran satisfacción, confirmando mi profunda admiración por los artesanos michoacanos y mi cariño por Pátzcuaro.

Igualmente, imaginé a mi antepasado Francisco de Iturbe y Heriz, abriendo uno de esos baúles, examinando las mercancías con su ojo experto, repletos de esos productos que llegaban a la Mansión Iturbe, donde el tema del comercio y la arriería ha resonado en mis oídos desde la infancia. Visualizaba las caravanas de mulas cruzando el virreinato de la Nueva España, sorteando los peligrosos caminos con las recuas de mulas cargando esos arcones. Así la historia de mi antepasado se entretejía con la del Galeón de Manila. No puedo describir la emoción y el orgullo que sentí, a pesar de que sabía que mi antepasado había sido Administrador de la Real Aduana en Pátzcuaro y uno de los más importantes comerciantes del Galeón de Manila, por su casa de comercio y arriería, transportando arcones como el que estaba viendo desde Acapulco con grandes recuas de mulas, por los caminos de la Nueva España.
Gracias a un fortuito encuentro con una arqueta de madera policromada, que me encontraba en la Galería de las Colecciones Reales, no solamente hacía una conexión con mi pasado, sino que dimensionaba la importancia de Pátzcuaro en el comercio transoceánico, en aquella época.
Mi visita a la Galería de las Colecciones Reales fue una experiencia memorable, cada sala era un viaje por el tiempo. La variedad y riqueza de la colección es magnífica. Sería imposible describir cada pieza, pero puedo asegurarles que es un recorrido por la historia y el arte que no deben perderse. Para mí, la experiencia fue aún más especial al encontrar una pieza que guardaba relación con mi propia familia. Un objeto que, de manera inesperada, me conectó con el pasado y me brindó una profunda satisfacción. Este hallazgo súbito me hizo comprender que el arte nos permite conectar con diferentes culturas, épocas y lugares. ¡No te pierdas la Galería de las Colecciones Reales si visitas Madrid! Si te gusta la historia y el arte, es un deleite para los sentidos y el intelecto.
